Me cuesta mucho trabajo vivir“, fue lo que me dijo Marina, mi entrenada, e inmediatamente apunté la frase porque sabía que muchos de ustedes se identificarían (al menos por una milésima de segundo) con sus palabras.

Bueno, al parecer cada día vivir es más y más complicado. Hay que saber más cosas, ser más veloz, ser más despierto, ser más activo, más eficiente, tener más recursos, tener más cosas, ir a más lados, y todo ello mientras tiene lugar el pequeño detalle del natural envejecimiento y deterioro general en todo lo vivo. La ecuación parece ridícula: La vida se va poniendo más y más complicada en tanto vamos contando con menos y menos recursos para lidiar con dichas complicaciones.

Cuando somos niños es cuando más energía y más salud tenemos, sin embargo en esta etapa a la mayoría no se nos exige nada…¡son los más cansados, los más desgastados quienes tienen la obligación de cuidar de nosotros! ¿Qué demonios es esta contradicción? Esto me recuerda a lo que creo era un texto de Borges o Bioy Casares (corríjanme si alguien sabe de quién es) que hablaba de que la vida debería ser a la inversa; que  deberíamos empezar siendo viejos y morir como niños. Tiene mucha más lógica.

Otra cosa que me hace pensar mucho (en especial en estos días) es la centralidad del trabajo en la vida. Es absolutamente ridículo y hasta inaceptable que siendo que vivimos tan poco, debamos gastar tanto de ese tiempo trabajando, la mayor parte del tiempo en algo que está lejos de interesarnos. Esto es algo que no le perdono a la humanidad: Que a estas alturas siga habiendo que trabajar, cuando las cosas están dadas de sobra para vivir la vida ocupándonos nada más que de la vida.

Pero esta nota no es todo queja:  También tengo una palabra de aliento para los que comparten esta visión conmigo. Es cierto que vivir en este mundo de hoy es tan trabajoso que a veces resulta absurdo, y nos termina por hacer pensar que es todo una mierda, pero ya que es así, los que no nos dedicamos a lloriquear podemos elegir tomarlo como un entrenamiento que dura toda la vida, un endurecimiento (para qué, ¡lo ignoro!), un proceso de templado para hacernos de fuerza. Hay quienes vivimos toda nuestra vida metidos de cabeza en este proceso, y en lugar de ser víctimas de tal realidad sin sentido, lo vemos como un juego en el que tenemos que convertirnos en los mejores jugadores posibles. Ganar en la vida, o en otras palabras, ganarle a la vida, significa hacerle Aikido, logrando que (todas) las cosas nos fortalezcan en lugar de que nos debiliten. Medítalo, y compártelo con tus amigos.


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