Este artículo es la parte 13 de 19 en la serie Curso Gratuito: Cómo ser Feliz

En el mundo de hoy, con el sistema económico que tenemos, muchos tienen poco y pocos tienen mucho. Éstas son las dos posiciones extremas de una problemática que nos afecta a todos y de la que quisiera hablarte hoy: “el tener”.

Erich Fromm, en su libro “Tener o ser”, delimita claramente entre la vida positiva y la vida negativa.

La condición humana actual según Fromm

Fromm afirma en su obra, que el hombre actual se caracteriza por su pasividad y se identifica con los valores del mercado porque el hombre se ha transformado a sí mismo en un bien de consumo y siente su vida como un capital que debe ser invertido provechosamente. El hombre se ha convertido en un consumidor eterno y el mundo para él no es más que un objeto para calmar su apetito.

Según el autor, en la sociedad actual el éxito y el fracaso se basan en el saber invertir la vida. El valor humano, se ha limitado a lo material, en el precio que pueda obtener por sus servicios y no en lo espiritual (cualidades de amor, ni su razón, ni su capacidad artística). La autoestima en el hombre depende de factores externos y de sentirse triunfador con respecto al juicio de los demás. De ahí que vive pendiente de los otros, y que su seguridad reside en la conformidad; en no apartarse del rebaño. El hombre debe estar de acuerdo con la sociedad, ir por el mismo camino y no apartarse de la opinión o de lo establecido por ésta.

La sociedad de consumo para funcionar bien necesita una clase de hombres que cooperen dócilmente en grupos numerosos que quieren consumir más y más, cuyos gustos estén estandarizados y que puedan ser fácilmente influidos y anticipados. Este tipo de sociedad necesita hombres que se sientan libres o independientes, que no estén sometidos a ninguna autoridad o principio o conciencia moral y que no obstante estén dispuestos a ser mandados, a hacer lo previsto, a encajar sin roces en la máquina social. Los hombres actuales son guiados sin fuerza, conducidos sin líderes, impulsados sin ninguna meta, salvo la de continuar en movimiento, de avanzar. Esta clase de hombre es el autómata, persona que se deja dirigir por otra.

El humano, debe trabajar para satisfacer sus deseos, los cuales son constantemente estimulados y dirigidos por la maquinaria económica. El sujeto automatizado se enfrenta a una situación peligrosa, ya que su razón se deteriora y decrece su inteligencia, adquiriendo la fuerza material más poderosa sin la sabiduría para emplearla.

El peligro que el autor ve en el futuro del humano es que éstos se conviertan en robots. Verdad es que los robots no se rebelan. Pero dada la naturaleza del humano, los robots no pueden vivir y mantenerse cuerdos. Entonces buscarán destruir el mundo y destruirse a sí mismos, pues ya no serán capaces de soportar el tedio de una vida falta de sentido y carente por completo de objetivos.

Para superar ese peligro el autor dice que se debe vencer la enajenación, debe vencer las actitudes pasivas y orientadas mercantilmente que ahora lo dominan y elegir en cambio una senda madura y productiva. Debe volver a adquirir el sentimiento de ser él mismo y retomar el valor de su vida interior.

¿Cómo llevas esto? ¿Vives para tener? ¿O está bien para ti tener lo suficiente para vivir?

Detente a pensar este tema con seriedad y profundidad. Las necesidades no han de surgir del egoísmo, la envidia o la ostentación (todo para mí, cuanto más mejor, y si el otro lo tiene o lo es, ¿por qué no lo tengo, o soy yo más?).

La austeridad debería ser el tamiz de nuestros deseos y nuestras necesidades. La austeridad es una forma de ver y vivir la vida que nos puede ayudar a ser más felices.

Si me preguntas qué es la austeridad, te diré lo que no es: No es ostentación, no es vanidad, no es malgastar, no es consumismo, no es tener por tener.

Pero tampoco es “ir de tirado” como se dice hoy en día. Se puede vivir en abundancia, vivir bien. Disminuye tu codicia y serás más rico.


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