Mucho hemos hablado de la atracción, de la capacidad inherente de cualquier ser vivo, de cualquier cosa en existencia, de atraer hacia sí tanto cosas negativas como positivas, dado que en el plano más intangible no somos identidades humanas sino cuerpos con carga magnética (como todo otro cuerpo), la cual se puede potenciar y explotar comprendiendo su naturaleza.

Sin embargo, muchos aún (a pesar de haber leído numerosos artículos y libros sobre el tema) no consiguen dar en la tecla…para ellos -tal vez para tí- la atracción es algo inasible, algo que suena bien pero resulta complicado de transformar en acción, de pasar al plano práctico. Por eso esta vez hemos de compartir una metáfora que utilizamos en nuestros seminarios, y que resulta bastante iluminadora para muchas personas que de otra forma no pueden acercarse a la práctica de la atracción.

Este es el ejercicio. Imagínate que eres un ratón. Estás en la selva, de noche, tratando de sobrevivir. De pronto oyes que se acerca una serpiente; las serpientes están dotadas de un sistema para percibir a través del calor, una suerte de radar. Cuando tenemos miedo, nuestro organismo libera una serie de substancias y nuestro cuerpo emite más calor que de costumbre (científicamente, esto se lo debemos al sistema parasimpático). Volvamos, entonces: Tú eres el ratón. La serpiente está buscando su presa. Tú ahora sabes que si la amenaza de la serpiente te produce terror, entonces generarás calor y la serpiente te verá en la oscuridad y será ese tu fin. ¿Qué vas a hacer? Tienes que enfocar tus pensamientos en no entrar en pánico, porque el pánico será tu verdugo.

No por nada dice el milenario Tao que “Aquel que está dotado de Virtud es como un niño; los animales feroces no lo atacan, y los insectos venenosos no lo pican.”


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