Hace no mucho, 837, uno de los sitios de Mythos Om (el grupo al cual pertenece Secretia) ganó una batalla de adhesión en un alterado con la organización menéame, un sito de internet de españa caracterizado por subrepticiamente incitar a sus usuarios a censurar y poner calificación negativa a blogs y artículos, siendo su principal medio el poder de dar o quitar “karma” a un usuario. Lo que decía 837 era justamente que menéame estaba ganando mal karma con ese espíritu negativo, y así fue que una serie de sitios se sumaron a la crítica y empezaron a desenmascarar a las verdaderas intenciones de este grupo.

Hemos hablado mucho del Karma, ese concepto tan esquivo, desde que comenzó Secretia. Ya 7000 usuarios y más de 1000 artículos originales han pasado debajo del puente, y el concepto sigue siendo el centro de muchos comentarios, correspondencias y reflexiones.

A veces parecería que el Karma es algo que se acumula en algún rincón misterioso de la realidad y luego tal vez se capitalizaría en lo material o en la vida, ya sea de forma positiva o negativa, dando o quitando. Sin embargo, el Karma es en su misma definición (y por eso hoy estás leyendo este artículo, porque tantas veces se malinterpreta su esencia) un devenir inmediato y permanente. En el mismo momento que las acciones tienen lugar, el Karma actúa. In Situ.

Vamos a poner un sólo y único ejemplo para ilustrar la idea: Cuando se tienen pensamientos negativos (esto es harto común, verdad?), NO sucede que el karma se enciende y suma puntos para descargarse más tarde. El Propio pensar negativamente es el propio Karma negativo. Esta es la esencia pura de la Ley de la Atracción. No hay que esperar a que el universo decida actuar; el universo, como dice el Tao, hace todo y no hace nada, está activo e inactivo todo el tiempo, por lo cual la misma acción es en sí misma su propio Karma. Hacer algo bueno, o pensar algo bueno es, por lo tanto, un premio en sí mismo, por la energía que nos aporta, por el entusiasmo, por la empatía que despierta en los demás.

Este es el máximo ejemplo de que Dios habita en cada uno de nosotros.


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