Esto, aunque no lo creáis, es lo máximo que se ha avanzado sobre terreno firme en definir y distinguir los oscuros rincones de la mente humana. Por supuesto, hay millares de otros supuestos, pero nada tan firme, científico y abarcativo como estas descripciones hechas hace más de 130 años.

Veráis, se dice que la humanidad (y su tendencia hacia el autoenamoramiento) han sufrido tres enormes golpes culturales: Primero, el de Copérnico presentando la alocada idea de que nuestro planeta no es el centro del universo, sino más bien un pelo en la espalda de D’s. Segundo, Darwin haciendo evidente que no somos dioses, sino más bien monitos que usan las cuerdas vocales con más habilidad. Y tercero, esto que leerás aquí (que en realidad forma parte de una teoría mucho mayor, donde se constata que elo que creemos que domina nuestro pensamiento y nuestra acción no es ni remotamente lo que está en realidad a cargo de nosotros.

* El ello: impulsos, deseos, desbalances. Lo originario, lo que subyace al Yo (que solemos creer que es lo más básico y propio de nuestra persona)

* El yo: balance. Logra satisfacer las necesidades principales como el hambre, sueño, sed y se incluye sexo (dentro de parámetros sociales).

* El super-yo: moral, consciencia, reglas sociales, lo que uno hace en su sociedad.

La idea general de que la mente no es algo homogéneo, sigue influyendo en muchas personas fuera del mundo de la psicología. Pero también son muchos los que han rechazado la teoría de que la mente se divide en estos tres componentes.

Esta teoría fue construida sobre la premisa de que las necesidades o impulsos inconscientes, especialmente los impulsos biológicos y sexuales, son la parte central de la motivación de la personalidad humana. Freud planteó que los problemas de los enfermos mentales solían tener como causa los deseos y fantasías reprimidos e inconscientes de naturaleza sexual, socialmente inaceptables.

Los papeles específicos desempeñados por las tres entidades no siempre son claros y se mezclan en muchos niveles. La personalidad consta según este modelo de fuerzas diversas en conflicto inevitable.

Ello

El ello es la parte primitiva, desorganizada e innata de la personalidad,cuyo único propósito es reducir la tensión creada por pulsiones primitivas relacionadas con el hambre, lo sexual, la agresión y los impulsos irracionales. Comprende todo lo que se hereda o está presente al nacer, se presenta de forma pura en nuestro inconsciente. Representa nuestros impulsos, necesidades y deseos más elementales. Constituye, según Freud, el motor del pensamiento y el comportamiento humano. Opera de acuerdo con el principio del placer y desconoce las demandas de la realidad. Allí existen las contradicciones, lo ilógico, al igual que los sueños. Representa la necesidad básica del ser de cubrir sus necesidades fisiológicas inmediatamente y sin considerar las consecuencias. La necesidad de obtener comida, la agresividad, así como la búsqueda del sexo, son respuestas del id a diferentes situaciones. Es decir, es el inconsciente.

El ello está en una relación estrecha y conflictiva con las otras dos instancias, el Yo y el Superyó, que se forman a partir de de la interacción con el medio social (Realidad) y de la decantación del Complejo de Edipo, respectivamente.

Para Freud, la mayor parte del Ello es desconocida e inconsciente. Reservorio primero de la energía psíquica, representa la arena en la que se enfrentan pulsiones de vida (Eros) y de muerte (Thanatos). La necesidad imperiosa de la satisfacción pulsional rige el curso de sus procesos. Sus contenidos inconscientes son de diferentes orígenes. Por una parte, se trata de tendencias hereditarias, de determinaciones innatas, de exigencias somáticas, y, por otra parte, de adquisiciones, de lo que proviene de la represión. De forma sucinta, se puede definir al Ello como el reservorio pulsional del hombre.

La conquista del ello, ese núcleo de nuestro ser, para Freud, es facilitada por el psicoanálisis a través del método de la asociación libre.

Yo o Ego.

El yo (ego) surge a fin de cumplir de manera realista los deseos y demandas del ello con el mundo exterior, a la vez conciliándose con las exigencias del superyó. El yo evoluciona según la edad y sus distintas exigencias del ello actuando como un intermediario contra mundo externo. El yo sigue al principio de realidad, satisfaciendo los impulsos del ello de una manera apropiada. Utiliza razonamiento realista característico de los procesos secundarios que se podrían originar. Como ejecutor de la personalidad, el yo tiene que medir entre las tres fuerzas que le exigen: el mundo de la realidad, el ello y el superyó, el yo tiene que conservar su propia autonomía por el mantenimiento de su organización integrada.

Ego significa yo en latín; la palabra alemana original que Freud había aplicado era Ich). Aunque en sus escrituras tempranas Freud comparó el ego con nuestro sentido del uno mismo, más adelante comenzó a retratarlo más como sistema de funciones psíquicas tales como realidad-prueba, defensa, síntesis de la información, funcionamiento intelectual, memoria y similares.

Es la consciencia propiamente dicha. Es el ente que actúa como regulador entre las demandas del id y del superego. Se basa en un concepto realista del mundo para adaptarse al mundo.

Casi ejemplificado como un poder o una persona dentro de la mente, que nos presta atención en todo momento, incluso en nuestras acciones más íntimas, esta observación no es lo mismo que una persecución, pero no esta muy lejos de serlo.

Todas las acciones ejecutadas, son analizadas por el yo y a menudo se les comunica los resultados: “ahora debe decir esto…”, “ahora deberá salir”. Amenazando con el castigo en caso de incumplimiento.

El yo, en su observación nos permite reconocer las acciones que realizamos, la oportunidad de elegir el camino a seguir, y razonar los impulsos que realizábamos con tal de no ceder lugar a la liberación libidinosa, y velar por la integridad general de la realidad. Es el primer paso del reconocimiento, para afrontar las alegrías, culpabilidad o castigo que conlleve.

Siento la tentación de hacer algo que me va a producir gran placer; una vez reconocido y razonado esta situación, podré abstenerme de hacerlo basándome en que mi conciencia no me lo permite. O me dejo persuadir por el placer, ignorando la voz de mi conciencia; pero una vez hecho, se me castiga con reproches y remordimientos establecidos por el super-yo.

Super-yo

El superyó (superego) es la parte que contrarresta al ello, representa los pensamientos morales y éticos. Consta de dos subsistemas: la conciencia y el ideal del yo. La conciencia se refiere a la capacidad para la autoevaluación, la crítica y el reproche. El ideal del yo es una de conductas aprobadas y recompensadas. Es la fuente de orgullo y un concepto de quien pensamos deberíamos ser.

Es la expresión interna del individuo con relación a la moral de la sociedad. Se refiere a la fuerza que induce al individuo a seguir los códigos éticos de conducta impuestos por la sociedad en la que se encuentra. Freud considera la conciencia moral, la autoobservación, la formación de ideales, como funciones del superyó. Actúa en contraposición directa a los impulsos del id.

El superyó se forma en la fase Edipica, por la introyección de las normas paternas. Según Freud, la formación del superyó es correlativa de la declinación del complejo de Edipo: el niño renunciando a la satisfacción de sus deseos edípicos marcados por la prohibición, transforma su catexix sobre los padres en identificación con los padres, interioriza la prohibición. La renuncia de los deseos edípicos amorosos y hostiles (Edipo Completo) se encuentran en el origen de la formación del superyó, el cual se enriquece según Freud por las aportaciones ulteriores de las exigencias sociales y culturales.


– Si te gustó el artículo, deja una marca social usando los botones de abajo y compártelo con el mundo y con la gente a la que quieres. El universo te lo agradecerá, ¡No lo dudes! –