la matriz de la creencia“Lo que más me interesa es que me dejen tranquilo, y estoy buscando una manera de que nunca me inquiete nada. ¿Y porqué no? Debo preocuparme para descubrir algo, ¿no es cierto? Tengo que pasar por tremendos trastornos, agitación, ansiedad, para poder descubrir, ¿no es así? Porque si no me preocupo, me quedaré dormido y tal vez sea esto lo que la mayoría de nosotros desea en realidad: que nos calmen, que nos hagan dormir, alejarnos de toda inquietud, encontrar el aislamiento, el retiro, la seguridad.”

No se trata de cambiar de creencias, ni de sustituir una por otra, sino de estar enteramente libres de todas las creencias, de forma que uno afronte la vida de un modo nuevo a cada minuto. La verdad, después de todo, está en tener capacidad para afrontar todas las cosas de un modo nuevo, de instante en instante, sin la reacción condicionante del pasado, para que no surja ese efecto acumulativo que obra como barrera entre uno mismo y aquello que es.

nueva conciencia del todoDespués de todo, una taza sólo es útil cuando está vacía; y una mente repleta de creencias, de dogmas, de afirmaciones y de citas, en realidad no es una mente creativa, y lo único que hace es repetir. Y el huir de ese miedo –de ese miedo al vacío, a la soledad, al estancamiento, a no prosperar, a no triunfar, a no ser algo o alguien- es sin duda una de las razones por las cuales aceptamos las creencias tan ávida y codiciosamente. ¿No es así? ¿Podemos comprendernos a nosotros mismos mediante la aceptación de una creencia? Todo lo contrario. Es obvio que una creencia, política o religiosa, impide la propia comprensión. Obra a modo de pantalla, a través de la cual nos observamos a nosotros mismos. ¿Y podemos observarnos a nosotros mismos sin creencias? Si suprimimos esas creencias –las muchas creencias que uno tiene- , ¿queda algo para observar. Si no tenemos creencias con las cuales la mente se haya identificado, entonces la mente, sin identificación alguna, es capaz de observarse a sí misma tal cual es, y ahí, ciertamente, está el comienzo de la propia comprensión.
¡Cuántas creencias tenemos! Ciertamente, cuanto más intelectual, cuanto más culta, cuanto más espiritual –si es que puedo emplear esa palabra-, una persona, menor es su capacidad de comprender. Los más reflexivos, los más despiertos, los más alerta, son tal vez los menos creyentes. Eso es porque la creencia ata, la creencia aísla; y eso lo vemos por todo el mundo, tanto en el mundo económico y político como también en el mundo espiritual.


– Si te gustó el artículo, deja una marca social usando los botones de abajo y compártelo con el mundo y con la gente a la que quieres. El universo te lo agradecerá, ¡No lo dudes! –