Una experiencia iluminadora sobre el Ego y el condicionamiento que nos impone. Cuando estés listo para comenzar el viaje hacia la pureza original, lee estos libros.

“El que ha sido dotado de plena gracia es como un niño.
Ningún insecto venenoso le clava su aguijón; Ninguna bestia salvaje le ataca; Ningún ave de rapiña cae sobre él. Sus huesos son frágiles; sus tendones, débiles;pero su abrazo es fuerte, porque posee la armonía, y el que conoce esta armonía conoce lo duradero. Conocer lo duradero es acercarse a la claridad” Lao Tsé

Hace muchos años, antes de que tuviera experiencia con bebés, me dejaron al cuidado de un niño pequeño durante algunas horas. Poco sabía entonces de cuánto esta experiencia me cambiaría. Estaba sentado con él en el cuarto. Tenía alrededor de un año y gateaba en mi cama de un lado a otro. Pude sentir su tentativa hacia mí, que para mí era poco familiar. También sentía que no estaba seguro de cómo estar con él, y esto era un poco embarazoso.

En mi incomodidad, decidí hacer algo bueno. Ya en aquel punto de mi vida, había descubierto que si permitía que el foco de mi atención se volviera más suave y abría mi corazón, podía -al menos con los adultos- crear un ambiente de confianza. Decidí proyectar amor hacia el bebé.

Instantáneamente, los gritos fueron ensordecedores. No unos gemidos de incomodidad, sino algo FUERTE. Pensé que su madre vendría corriendo por la puerta para rescatarlo. Me sentí avergonzado y confundido. ¿Cómo era posible que mi amor hubiera disparado esta reacción? Por supuesto, traté de deshacerlo. Concientemente, cerré el campo de energía que había proyectado momentáneamente sobre el bebé.

Gritos más fuertes.

Me sentía mortificado y humillado. Me di cuenta de que no tenía la más mínima idea de cómo ser naturalmente abierto y amoroso con un niño.

Incluso mientras estas reflexiones pasaban por mi mente, el shock me empujó a la receptividad; caí de pronto en el estado genuino de apertura muchas veces llamado el “momento virgen”. El bebé seguía gritando, pero en un momento notó que su mano pasaba por delante de sus ojos. Sus ojos empezaron a seguir a la mano, entonces su expresión cambió y cesó su llanto. En un segundo comprendí.

Levanté mi mano y la pasé por delante de mis propios ojos. En tanto la mano entraba en mi campo de visión, en lugar de pensar “Ahora la mano está frente a mi cara”, simplemente experimenté: Mano ahí….mano no ahí. Percepción simple sin auto-conciencia. Un universo diferente. Mi sentido de realidad cambió. En ese preciso momento, el bebé se rió.

El feedback de esa risa fue un SI! cósmico. Me uní al bebé en el piso, poniendo mis ojos a su altura para experimentar lo que él estaba experimentando. Durante el resto de la velada gateamos juntos en el piso, jugamos con los objetos…siendo. El se reía cada tanto, pero no volvió a llorar. Y yo? Estaba completamente en paz.

Entendí lo que había ocurrido. Permitirme ver las cosas como las veía el bebé, mi mano dejó de ser un objeto externo que yo observaba. Por un momento los cambios espaciales, la alteración en la profundidad de campo, y la novedad del panorama fueron simplemente percibido sin la distancia del ego observador. Entendí que cuando me había sentido incómodo con el bebé, ello había intensificado mi auto-conciencia. Me había vuelvo objeto de mi propia visión, separado de mí mismo. En este estado el bebé era, por supuesto, percibido como un otro. La intención de enviarle buenas energías, en lugar de simplemente estar con él en mi sencillez, no era correcta en lo absoluto.

Yo habría creído que estaba actuando conscientemente, pero la realidad es que el motivo de mi accionar era un reflejo inconsciente de auto-protección perpetrado por mi ego separado. Había entrado en mi cabeza y perdido mi yo real porque mi ego se había sentido amenazado.

Claramente, un paso que todos debemos tomar consiste en reconocer esta auto-contracción básica y no dejarla tomar control de nosotros. Este es el trabajo de abrir nuestro corazón. Y en tanto nos hace bastante vulnerables, me viene para el caso una frase que siempre me ha gustado “Ninguna cosa Real puede ser Amenazada”

En los niños pequeños, la división entre sujeto y objeto, no se ha diferenciado. Para él no hay un Yo y un Otro. Es por eso que Jesús dijo “Si no sóis como niños pequeños, no habreis de entrar al Reino”. El Reino, es una estado de conciencia muy similar a la apertura de un bebé.

(continuará)


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